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El campo de los sueños, Chico Carrasquel, Beto Ávila y la combinación 6-4-3. / Por ADN Magallanero.

Desde la primera clase de la especialización en periodismo deportivo que tomé en Venezuela por allá en el 2007, supe que eso era lo mío, a lo que quería dedicarme a tiempo completo, en especial al béisbol y desde entonces lo intenté hasta que se me dio donde menos lo imaginaba y pensaba, en Cancún y cubriendo a los Tigres de Quintana Roo, entre 2015 y 2016, cuyo estadio lleva el nombre de Beto Ávila, el cual conocí el 25 de febrero de 2015.


Y desde que leí el libro Terapia Para El Emperador de Manuel Llorens (psicólogo deportivo venezolano) donde escribió: “Si no sabes quién es la persona que le da nombre a tu estadio, no podrás superar a los equipos de tradición”. Desde entonces me preocupo por conocer quién es la persona que da nombre al estadio de los equipos que cubro.


De Ávila pude leer en el libro de los 90 años de la Liga Mexicana de Béisbol (LMB) que en 1947 fue el primer campeón de bateo mexicano en la LMB. También que Beto alcanzó la gloria en 1954 con los Indios de Cleveland en las Grandes Ligas cuando se proclamó campeón de bateo de la Liga Americana con .341, siendo el primer latino que lograba tal hazaña en MLB.


Pero lo que más me ha impactado haber leído acerca de Ávila, tanto sorprendente como no tan grato, fue lo que contó Alfonso Chico Carrasquel a la periodista venezolana Milagros Socorro para su libro: Alfonso Chico Carrasquel Con La V En El Pecho, “Mira como dice la palabra Venezuela, le decía yo a Beto Ávila, el pelotero mexicano, él salía con nuestro grupo y también la conocía. Tiempo después se casó con uno de nosotros. Se llamaba Marilyn Monroe”.


“Cuando se estrenó La comezón del séptimo año, en 1955, le dije a Beto Ávila, -mi compañero de cuarto durante dos años, mientras coincidimos en los Indios de Cleveland-, que nos acercáramos al teatro a felicitar a Marilyn. Y así lo hicimos. Estábamos en la multitud pero cuando ellas nos vio, vino hacia nosotros y nos saludó con mucho cariño, en español”.


Pero no todo fue tan bonito como en el cine y en el teatro para Carrasquel y Ávila en las Grandes Ligas “Una noche (en los años 50), en un tren, estaba conversando con Beto Ávila (quien es muy orgulloso de su origen, como todos los mexicanos) y cerca había un grupo de peloteros norteamericanos que estaban tomando cerveza. Cuando pasaron al lado de nosotros, uno de ellos comentó que nosotros debíamos agradecer al cielo que los Estados Unidos se jugara béisbol, porque de lo contrario estaríamos en las carreteras de México gritando: Maracas, cinco centavos; maracas, cinco centavos. Yo me lo tomé a chiste, pero Beto quedó mascullando insultos contra los gringos”, también le dijo Carrasquel a Socorro.


Gracias a Dios tanto Beto como Chico, hablaron y respondieron con su bate y con su guante, tanto así que pusieron tanto a México como a Venezuela, en el mapa del denominado mejor béisbol del mundo con permiso y mucho respeto para los que arribaron antes que ellos. De igual forma que nos permitió dedicarnos y vivir del béisbol, como escribió Mon Cruz en su primera columna de Más Allá del Béisbol, titulada De acuerdos y desacuerdos, para 643 Network.


También me dio la dicha y la suerte de ser un exiliado voluntario venezolano en México, la tierra de la pelota caliente, y de recibir la invitación para ser columnista en 643 Network, y tratar de escribir algo distinto como la canción de Rawayana, cada 15 días. Lo mismo que de comprobar que los sueños se cumplen y se hacen realidad especialmente en el Campo de los Sueños, como la película protagonizada por Kevin Costner, mismos sueños que me despertaron durante la madrugada de la semana pasada con parte del título de esta primera columna, y la asociación de la combinación 6-4-3, con Carrasquel en el 6, Ávila en 4, y Andrés Manuel o Hugo en el 3.


Y por último, pero no menos importante de ser como Jesús bendito entre todas las mujeres en este caso de béisbol como Paty War (@Afi_escarlata), Mon (@MonCruzPinto) y Karo García (@LaKaro_gc) y esperando por los compas Carlos y Toño, todos sin duda con ADN Beisbolero.

José Alfredo Otero

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