top of page

El periodista que quiere nacer y el fanático que se niega a morir / por Mon Cruz

Actualizado: 21 feb 2019

Vaya lío el que se armó el pasado fin de semana, en otro deporte, en otro universo, muy lejos de la pelota caliente; pero al mismo tiempo tan cercano que da miedo, tan parecido a lo que se ve a diario en el beisbol.


De manera atropellada, poco sutil y algo ridícula, se destapó una cloaca bien conocida por todos en el periodismo deportivo. Esa cloaca que está afuera de tu casa y que apesta todas las tardes pero decides ignorar porque es más fácil. No sabemos si llamar a la cloaca mal periodismo o simplemente fanatismo.


Tengo 10 años como periodista, estudios respaldando mis argumentos y al día de hoy, me sigue intimidando el título. Es una gran responsabilidad y como a todos nos ha pasado, nos podemos equivocar, no lo niego.


El conflicto más grande nació con los "influencers"; y no me malentiendan, su trabajo lo aprecio y se lo que cuesta, de primera mano. Es válido que haya "influencers "y es válido que haya periodistas; los dos son necesarios pero cada quien debe tener su lugar.


El periodista se dedica a leer el contexto en seco, sin fanatismos, sin preferencias, sin parcialidad. El "influencer" se dedica a llamar la atención del público justo con base a lo contrario, a ser fanático, a mostrar sus colores, a atraer aficionados a la misma fila.


En el mundo actual, gobernado por los "trending topics" en Twitter, por los comentarios en Facebook o los "likes" en Instagram, es necesario mercadológicamente para cualquier equipo. Los "influencers" fanáticos son parte de la ecuación. Hasta ahí vamos bien.


Pero si nos vamos al sentido estricto de la palabra; cuando yo pido una acreditación, mi credencial dice "Prensa"; y eso es lo que voy a hacer.


No voy a una cobertura con el jersey o al gorra de ningún equipo de la liga respectiva, no aplaudo, no vitoreó. Para eso, me voy a la tribuna. Mi acreditación no es un boleto VIP de acceso rápido al equipo de mis amores, no me aprovecho de las directivas verdes en el tema de las redes sociales ni de su falta de apreciación que les dé el diferencial entre un trabajo periodístico y un trabajo fanatizado.


Los años qué pasan en un aula o los que uno gana con base a experiencia rodeado de verdaderos periodistas, tratando de aprender más allá del "Manual del Periodismo" de Leñero y Marín me dan la posibilidad, hoy, de decir que no somos lo mismo. Quemarse las pestañas, investigar para conocer, ser un loco de datos que podrían no importarle a nadie, escribir y reescribir hasta que quede en punto; eso hace a un periodista.


Déjenme decir que vale la pena saber comportarme, que vale la pena aguantarme las ganas de gritar en un parque de pelota, que vale la pena saber cuando criticar y como hacerlo.


No sé si hayamos llegado al punto de necesitar dos acreditaciones diferentes; una para periodistas y otra para "influencers", aficionados con arrastre, o como ustedes quieran llamarles; pero mi trabajo es casi sagrado y equipararnos a la misma cosa me parece casi insultante, a lo mejor a ellos también les parece así.


Quiero que mi texto se gane su lugar, que mis preguntas les lleven a conocer más, que mis reportajes abran un panorama más amplio; no quiero que un número de seguidores califique mi trabajo. Quiero que mi trabajo esté bien hecho y que si los seguidores me respaldan, sea por algo. Comprar "followers" es fácil, ganárselos de cero, no tanto.


Estoy muy bien formada en la fila de periodistas y no pretendo cambiarme a la de a lado; que cada que traiga una credencial que diga "Prensa", se entienda como sinónimo de periodismo y no como un logro más a mi carrera de fanático del beisbol.


Que si de pasión hablamos, no tenemos que hablar de esa pasión burda que sientes por un equipo; hay pasiones mucho más refinadas, como esa que sentimos los de mi calaña hacia el periodismo bien hecho.



Monserrat Cruz Pinto.




172 visualizaciones

Entradas recientes

Ver todo

Comments


bottom of page